Sobre el futuro del trabajo

por | Nov 14, 2019 | Blog | 0 Comentarios

El mundo del trabajo actual y la crisis de sentido

El modelo de mundo en que vivimos actualmente es un ecosistema producto de la industrialización de los últimos dos siglos y de la búsqueda del crecimiento económico constante y masivo.

Este modelo vigente ha determinado no solo la forma en que se fabrican los productos, en serie y de forma estandarizada, sino también la forma homogénea en que se educa a los alumnos en las escuelas y la manera en que se accede posteriormente al mundo laboral. En este modelo industrial ha sido necesario estandarizar la formación y los títulos que certifican a las personas para acceder a un mundo laboral que también ha estandarizado los cargos que constituyen la jerarquía establecida en las organizaciones.

La propia estructura de estas organizaciones responde pues a una visión mecanicista del trabajo. Se considera a las personas parte de una maquinaria y, por lo tanto, estas deben encajar perfectamente en el lugar específico que se ha diseñado para ellas, dejando fuera del entorno laboral las características personales, emocionales, intereses o incluso los talentos de cada individuo que no se consideran adecuados para realizar las tareas que se pre-determinan desde la organización.

Las personas, una vez puestas a punto por la maquinaria del sistema educativo y ya certificadas, buscarán un trabajo que alguien les ofrecerá, y aceptarán un cargo, un sueldo y unas condiciones de trabajo que las organizaciones habrán determinado con anterioridad para alimentar la maquinaria, hasta que estas personas sean innecesarias o ellas mismas busquen otro lugar, salario o trato mejor.

Pero al cabo de un tiempo, este sistema automatizado que sesga la parte más intrínseca del ser humano y la deja fuera del mundo laboral, acaba comportando una desalineación de las personas con sus trabajos, apareciendo una sutil, pero insidiosa y creciente crisis de sentido.

Las personas dedican largas jornadas estandarizadas en horarios y duración a trabajar y, es al salir del trabajo, cuando conectan con las cosas y personas que más les satisfacen sea en el ámbito de los intereses personales, en el ocio o en el ámbito de la auto-realización o desarrollo personal. Todo esto queda totalmente desvinculado del trabajo.

Esta crisis de sentido es especialmente grave en las nuevas generaciones donde la desalineación individuo-sistema educativo-trabajo y su sistema de valores es tan grande que está dificultando enormemente su acceso por primera vez a un mundo laboral que los jóvenes consideran necesario para ingresar en la sociedad imperante, pero desfasado y obsoleto como sistema a sus ojos. Cuestión que, sumada otras razones estructurales, acaba comportando cuotas de desempleo por encima del 30% (España ha registrado una tasa de paro de menores de 25 años del 32,4% en junio de 2019, la segunda más alta de los países de la Unión Europea, solo superada por Grecia, según los datos de Eurostat).

La emergencia de modelos organicistas

Afortunadamente están emergiendo, también de manera creciente en todo el mundo, nuevas formas o iniciativas de aprendizaje y de organización que ponen al individuo en el centro a la hora de plantearse tanto el sistema educativo como el laboral, entendiendo al ser humano como un todo sin disociación. Son sistemas más organicistas, inclusivos y conectados con la naturaleza tanto de las mismas personas como del entorno común que comparten. Y que están basadas en el desarrollo integral de la esencia diversa de las personas para que puedan contribuir y co-crear los espacios de convivencia mutua desde tus talentos particulares.

Hablamos de las corrientes, teorías y metodologías basadas en el autocuidado (alimentación saludable, ejercicio, sueño…), el empoderamiento personal, el desarrollo de la creatividad, la conexión con lo natural, la producción local, la sostenibilidad y la autenticidad de los valores y los comportamientos. Estos sistemas de aprendizaje y de conexión con uno mismo y con el entorno, ayudan a las personas a empoderarse y a descubrir cuál es su propósito vital antes de plantearse cómo van a ponerlo al servicio de su desarrollo profesional y de analizar el impacto que van a tener en el mundo.

Este nuevo modelo emergente se enfoca hacia la creación de ecosistemas organizativos autogestionados que priorizan las relaciones humanas (ecología social) y la construcción de redes de co-creación de valor compartido.

Cuando el individuo se conecta con sus talentos reales descubre un mundo de posibilidades a la hora de ofrecer su valor personal al mundo. Y esto acaba generando una diversidad y complejidad enorme de opciones de entrega de valor al resto de las personas, especialmente si añadimos internet, la tecnología digital y la conectividad global a la ecuación. Es decir, que se fragmenta enormemente la oferta y la demanda de productos y servicios pasando de la estandarización del modelo industrial a la ultrapersonalización del modelo organicista.

Sensitive Cities es una organización que nace queriendo aglutinar los valores de este nuevo modelo organicista emergente. Y, por lo tanto, los talleres y las formaciones que realiza en la Sensitive Cities Academy pretenden transmitir estos nuevos valores a personas que estén dispuestas a conectarse con sus talentos y a empoderarse antes de dar el siguiente paso en el mundo laboral. El taller “Descubre tus talentos para el impacto social” es la punta de lanza del modelo de aprendizaje de Sensitive Cities.

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